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El asesinato del jesuita Jerónimo de Moranta

Rubén Aguilar. Foto: Especial

Rubén Aguilar. Foto: Especial

26 de Abril 2022

RUBÉN AGUILAR VALENZUELA

Entre el 16 y el 20 de noviembre de 1616 fueron asesinados ocho jesuitas en el hoy estado de Durango en el marco de un levantamiento de los tepehuanes, que dejó cientos de muertos.

El 19 de noviembre, los padres jesuitas Jerónimo de Moranta y Juan Fonte venían a San Ignacio del Zape, para la celebración de la llegada de la nueva imagen de la Virgen. Ya en las cercanías del lugar les sale al encuentro un grupo de indígenas, que los asesina con macanas y flechas.

Jerónimo Moranta, nació en 1575 en Palma de Mallorca, España. En 1595, a los 20 años, ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús. Hace sus estudios en Zaragoza, España. Se sabe que en 1599 escribe al padre general de los jesuitas, Claudio Aquaviva, para pedirle ir a las Misiones de Indias.

En 1605 sale de Sevilla rumbo a la Nueva España. Al llegar el provincial los destina a la Tepehuana. Lo primero que hace es aprender el idioma tepehuano. Lo hablaba muy bien. Los indígenas se sorprendían.

Durante diez años trabajó con los tepehuanes. Lo hizo desde su llegada a tierras americanas hasta su asesinato. Tenía fama de ser un hombre de oración que le gustaba meditar en los bosques. De él se decía que era un hombre generoso y que trataba muy bien a los indígenas.

Cuando es controlada la sublevación tepehuana se recuperan los cuerpos de cuatro de los jesuitas asesinados que son los padres: Juan del Valle, Luis de Alavés, Gerónimo de Moranta y Juan Fonte.

Dice el historiador Atanasio Saravia que los restos de los cuatro jesuitas muertos en El Zape, dos en el pueblo y dos en sus inmediaciones, fueron llevados a Guadiana por el gobernador Gaspar de Alvear, quien, a decir del padre Alegre, los entregó en la hacienda de La Sauceda al rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Durango. Al llegar a las inmediaciones de la ciudad fueron depositados en una carroza, para seguir con su traslado.

Los franciscanos del convento de San Francisco, continúa Saravia, solicitaron que en su iglesia se depositaran los cuerpos mientras se pasaban con honor al templo de los jesuitas el día de Santo Tomás de Aquino. En esa ocasión los cuerpos de los jesuitas, acompañados por la población y ciento cincuenta soldados, fueron llevados a hombros, cubiertos de telas y bordados, hasta la iglesia de la Compañía de Jesús. Terminada la misa se procedió al entierro, en un altar colateral al lado del Evangelio, dedicado a San Ignacio.

El jesuita Eusebio Francisco Kino, desde la Primería Alta, en la hoy Sonora, escribe en 1695: “El Padre Jerónimo de Montana, natural de Mallorca. Padeció muchos trabajos por la predicación evangélica. Trabajó apostólicamente 10 años en las misiones de los Tepehuanes. Murió, en compañía de su Padre Superior, el Padre Juan Fonte, el 19 de noviembre de 1616, media legua antes de llegar a San Ignacio del Zape”.

En la iglesia de San Ignacio del Zape se conserva un cuadro con su imagen que dice: “Pater Hieronimus del Moranta. Mallarquimus occisis a barbaris Tepehuanis Regni mexicani anno Domini 1616, mense Novembris die 19. Etatis suae 42”.

 

Twitter: @RubenAguilar