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Guerrera 1

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Hace 2 semanas
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Saltillo, Coahuila / 31 octubre 2018

Columna Paralaje

Por: Hugo Díaz

 

La siguiente historia aunque es una historia de dolor, pues tiene su epicentro en la enfermedad llamada cáncer, es la experiencia de una mujer que demuestra de manera férrea la máxima que reza que no hay dolor comparable ni más doloroso que el que siente una madre al ver sufrir a un hijo.

Quise traerla hasta aquí porque generalmente en dramas como éste la mayor parte de quien nos interesamos en ellas hacemos foco en el enfermo, en quien vive en carne propia esta enfermedad que de acuerdo con el Instituto Nacional de Cancerología tiene a Coahuila entre los cinco estados con mayor índice de padecimientos en el país.

Leonardo Guerrero Quiñones es un chico de 21 años de edad, al que hace tres años le fue diagnosticado el cáncer; sin embargo los primeros en enterarse fueron sus padres Alfredo y Maribel, quienes al ser informados de ello no podían dar crédito a lo que escuchaban. Todo había comenzado con una hinchazón cerca de la oreja derecha de Leo.

En principio el joven desestimó la situación pues argumentaba no sentir dolor alguno, sin embargo el instinto de madre pudo más y después de tanto insistir, las consultas se hicieron más profundas hasta resultar lo menos esperado… Leo tenía cáncer.

Maribel no podía creer que su hijo, un beisbolista que no toma ni fuma tuviera cáncer, la familia reunida no pudo enterar a Leo de la situación; fue su mamá quien lejos del seno familiar, sola en Monterrey tuvo que darle la noticia a su hijo, y encontró gracias a dios cuenta Maribel la mejor forma de motivar a su hijo a enfrentar el cáncer con valentía “hijo tienes que hacer honor a tu apellido, eres un Guerrero y como tal hay que luchar contra esta enfermedad.

Después de esto vino un viacrucis que tiene su momento cumbre cuando el doctor trataba de hacer desistir a Maribel de luchar por Leo al mencionarle que era imposible que su hijo pudiera cosechar las suficientes células para un trasplante, fue entonces cuando la madre propuso “¿y la vacuna?, el médico respondió “¿Sabe de cuanto estamos hablando?, y la mujer ya informada asentó “si, y sí lo podemos conseguir”.

Lo que siguió entonces para la guerrera y su familia no fue miel sobre hojuelas pero si una oportunidad de oro para comprobar el dicho de la fe mueve montañas y de paso conocer a los verdaderos amigos, además de cuanto hoy en una sociedad tan convulsionada por varios factores se puede tocar el corazón del ser humano.

En la próxima la segunda y última parte de esta historia.

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