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Martes 19 de Marzo 2019

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Mi mensaje a universitarios recién graduados

Foto Capital Media
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11 de Junio 2018
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El sábado tuve el gran honor de ser el orador invitado en la 74 ceremonia de graduación de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP)

El sábado tuve el gran honor de ser el orador invitado en la 74 ceremonia de graduación de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), de la cual obtuve mi licenciatura en Administración de Negocios hace algunos años, en 1971.

Con gusto y nerviosismo acepté la invitación que hace algunos meses me hizo el excelente rector de la UDLAP, Luis Ernesto Derbez Bautista, exsecretario de Economía y Relaciones Exteriores durante la administración de Vicente Fox.

Con gusto, porque ¿a quién no le causaría una gran satisfacción regresar a su alma mater –donde uno pasó algunos de los años más felices de su vida–, con objeto de decirle a los que ahora concluyen sus estudios algo de lo que ha aprendido a lo largo de casi medio siglo?

Nerviosismo, porque sé que mientras más jóvenes son los integrantes de una audiencia, más exigentes son con quienes pretenden transmitirles sus experiencias de vida. Después de todo, como los jóvenes que fuimos alguna vez, ¿qué tan receptivos fuimos a lo que nos dijera lo que en nuestra época calificábamos como un “ruco” perteneciente a la “momiza”?

Durante meses pensé en lo que iba a decirles a los aproximadamente mil 600 jóvenes adultos que el sábado recibieron sus títulos que los acreditan como licenciados, maestros y doctores en las distintas carreras y especialidades que se imparten en las escuelas de Ciencias, Artes y Humanidades, Ingeniería, Ciencias Sociales, y Negocios y Economía de la UDLAP.

El viernes en la noche decidí decirle a los recién graduados algunas de las cosas que me hubiera gustado que hace casi medio siglo alguien me hubiera dicho antes de emprender mi vida profesional. Tal vez no le hubiera hecho mucho caso entonces, pero seguramente hubiera guardado en mi memoria lo que entonces escuché y tarde o temprano lo hubiera utilizado para resolver mejor los problemas que la vida nos obliga a enfrentar constantemente.

El sábado improvisé mi discurso, como suelo hacerlo. Mi mensaje se basó en las frases que anoté la noche antes, las cuales transcribo a continuación:

“Hagan lo que les apasiona y divierte”.

“Acepten cuando algo les deje de gustar y busquen algo nuevo que les apasione”.

“Si no les gusta su trabajo, busquen otro o quítenle la chamba a su jefe”.

“Si no pueden buscar otro trabajo, encuéntrenle el lado positivo al que ahora tienen”.

“Sean curiosos, maravíllense de las cosas que los rodean”.

“Sean humildes. Ser inteligentes es sólo el resultado de una buena combinación de los genes de sus papás, no se es inteligente por mérito propio”.

“Sean trabajadores. La tenacidad compensa muchas deficiencias”.

“Luchen contra las adicciones. Si las tienen acéptenlas y busquen ayuda para vencerlas”.

“Vivan y disfruten su vida intensamente porque ésta se va muy rápido”.

“Acepten los fracasos y las tragedias. No están solos”.

“Amen y sean amados. La soledad y el desamor son un infierno en vida”.

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