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¿Qué hacemos con el silencio?

Cyntia Moncada. Foto: Especial

Cyntia Moncada. Foto: Especial

26 de Octubre 2022

CYNTIA MONCADA

Mis silencios no me habían protegido.

Tampoco las protegerá a ustedes.

Audre Lorde

Has perdido la cuenta de las veces que has pasado horas mirando la hoja en blanco de la computadora durante el último año: “¿Quién soy yo para hablar de esto? –te preguntas en cada tema que eliges para escribir– ¿Quién soy yo para hablar de feminismo si no soy experta? ¿Qué autoridad tengo para hablar de la deconstrucción o del amor romántico si estoy viviendo mi propio proceso?” Las letras no fluyen, pero sí el bombardeo de dudas, inseguridades y miedos.

A veces el silencio gana y cierras la computadora, rompes la hoja y tiras la libreta. Otras veces piensas en la verborrea que escriben algunos hombres (sin talento, ni modo) que ocupan espacios porque el pacto patriarcal y sus privilegios les permite hacerlo, y piensas en las mujeres brillantes que tienen tanto que decir pero no pueden porque no tienen el tiempo, las ganas, la energía (y a veces la seguridad) para ponerlo en un texto; pero escribir en un mundo en el que te enseñaron que “calladita te ves más bonita”, que entre menos visible es mejor, es una batalla ganada, pero el silencio no nos va a proteger (Audre Lorde dixit).; “la palabra –como escribió Rosario Castellanos en su “Nota de prensa”– tiene una virtud:/ si es exacta es letal/ como lo es un guante envenenado” y ese es tu poder. 

Entonces detrás del miedo y del silencio se vuelve a encender la llama. Sabes que nunca encontrarás las condiciones propicias para escribir, nunca tendrás todo el tiempo ni todo el silencio, “olvídate del ‘cuarto propio’, como dice Gloria Anzaldúa, si quieres hacerlo tendrás que abrirte paso. Si no escribes quizá no pase nada, pero si lo haces todo puede pasar.

 

Un año

Abriéndose paso entre el miedo y el silencio, Duermevela ya cumplió un año. 

Desde hace un año tomo este espacio movida por la esperanza de que las ideas que aquí comparto puedan despertar alguna curiosidad agazapada. Escribo para tender puentes, para dialogar o discutir; como agradecimiento a mis ancestras que me dieron su voz para que yo gritara si fuera preciso. Escribo desde la admiración que me generan muchas mujeres. Escribo para no sentirme sola, para sentir que hay otra habitación con la luz encendida en la madrugada, en la que habita otra mujer con los mismos sueños, las mismas dudas y los mismos corajes. Escribo, sobre todo, para ser libre, para no quedarme callada. Debe valer la pena, porque “aún quedan muchos silencios por romper” (Audre Lorde).