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Doña macabra

FOTO: Especial

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16 de Noviembre 2022

Israel Mendoza Pérez

El reciente activismo de la exlideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, es el preámbulo de su nueva apuesta política. El Movimiento Nacional Progresista es la versión 3.0 de su búsqueda por tener un partido propio con mayores alcances a los obtenidos, en su momento, con Nueva Alianza y las fallidas Redes Sociales Progresistas.

Su presencia y polémicas declaraciones comienzan a voltear los reflectores a su mítica figura política, engendrada en los sótanos del PRI, y convertida en una disidente del sistema, lo mismo del PRI que la empoderó, la echó y encarceló en 2013 y del panismo que la utilizó. Ahora, ella es una crítica de la cuatroté por razones similares.

La presencia de la exdirigente sindical en la marcha del domingo, no fue de balde, mostró a una Elba Esther dispuesta a jugar su última partida en el tablero político. Ella desde sus redes sociales convocó a la defensa del INE. “No olvidemos que este instituto hizo posible que viéramos alternancias en el poder y que nos sintiéramos tranquilos de que se respetara nuestro voto”, escribió. Pero solo fue el pretexto. Lo que midió fue el grado de rechazo que aún pueda generar.

La maestra regresa a cobrar facturas y meter ruido político con su movimiento. Su reaparición política llega en el momento en el que PRI comienza dar visos de deterioro interno y desfonde generados por la disfuncional dirigencia de Alejandro Moreno; cuando carece de espacios de negociación con la cuatroté debido a la alianza entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), su histórico rival, y el choque con el gobierno actual.

Elba Esther va por el poder, no por una propuesta política para los ciudadanos. En su historia, lo último que le preocupa a Elba Esther es la cercanía, con los ciudadanos. Ella representa la historia política dedicada a las negociaciones de altos vuelos y reuniones que le reditúen ganancias económicas y políticas. La política septuagernaria encontró con Vicente Fox, en 2003, la manera de negociar las llamadas reformas estructurales para el sexenio del cambio; sin embargo, ahí comenzó su confrontación con el priismo. Su deseo más fuerte fue ser siempre dirigente de PRI. Esa ambición la llevó a su propia debacle.

Enemistada con la cuatroté, Elba Esther Gordillo tuvo su momento de acercamiento con Andrés Manuel López Obrador en tiempos de campaña política a través de su nieto René Fujiwara, sin embargo, su grupo político-familiar fue desechado. Ahí estriba su molestia. Además de la eterna lucha de fuerzas que sostiene con las diferentes facciones CNTE.

A final de cuentas, la cuatroté entregó más espacios a la CNTE en San Lázaro y en otros cargos burocráticos, por ello el pleito con el presidente toma tintes de venganza, sin más pretexto ella declaró en días recientes: que “trabaje” y no busque “excusas en el pasado”.

El escenario para 2024 con Elba Esther Gordillo se vuelve “macabro”. Especialista en la negociación pragmática, encumbrar a personajes con los que tuvo alguna alianza y convertirse en el ariete contra el PRI y Morena forman parte de un proyecto de golpeteo para el mejor postor.