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22 de Marzo 2024

De vuelta a la cañería

Israel Mendoza Pérez

@imendozape

Hay síntomas de desgaste en el núcleo de la coalición ‘Juntos Seguimos Haciendo Historia’, por parte de Alberto Anaya Gutiérrez, sempiterno dirigente del Partido del Trabajo. El jefe partidista es poco visto en los mítines de la abanderada Claudia Sheinbaum, y el ruido lo comenzó a hacer, hace unas semanas, en el Estado de México.

En la entidad mexiquense, la coalición contempla la alianza en 80 municipios, sin embargo, las presiones por parte del dirigente iniciaron para ir en más demarcaciones ante el riesgo de que los votos se vayan a Morena y se ponga en riesgo, incluso, el registro local de su partido.

La incomodidad se debe a que hay municipios y distritos que se encuentran siglados para el partido verde y los mejores posicionados son actores políticos de Morena, punto por el cual las negociaciones se encuentran detenidas, ya que Alberto Anaya se encuentra en una situación de desagrado e incluso de exclusión silenciosa y quiere salir a flote en la última campaña que se considera con la imagen del Presidente.

Alberto Anaya se encuentra incómodo. Su espacio de confort era el trabajo conseguido a lo largo de 24 años de la mano del presidente Andrés Manuel López Obrador y ya se caba conforme se transita al final del sexenio de la cuatroté. Ahora, su presencia está diezmada, y él mismo se achica ante las nuevas formas de comunicar y transmitir el interés hacia los electores. Su partido ya huele a rancio.

Desde el arranque formal de campaña de la coalición, a Alberto Anaya se le vio relegado, pues en petit comité y en voz baja o a veces más alta, declara su inconformidad por los espacios y el papel que tiene el instituto que encabeza dentro de la alianza e incluso, a pesar de que al día de hoy ya es el que menos peso político tiene, y por tanto, el que menos tiene que negociar. Esa es la realidad actual.

Todo quedó exhibido durante el acto de arranque de campaña de la abanderada Claudia Sheinbaum, ya que fue el último que se integró al templete, e incluso hubo cierta confusión sobre si realmente tomaría su lugar, pues fue anunciado antes del inicio de los discursos, pero sin dejarse ver hasta minutos después, lo que, para quienes estuvieron atentos a los detalles, fue un síntoma que alimentó las especulaciones de descontento.

Y es que, el PT dejo de ser confiable, desde el año pasado en las elecciones en Coahuila y su abanderado fallido, Ricardo Mejía Berdeja. Dejar solo al abanderado y generar un clima de confusión entre los seguidores de Morena es la cuenta pendiente. A final de cuentas, sin ánimos de convertirse en un partido de izquierda más amplio y moderno, el PT ya es anacrónico y con una severa crisis de identidad. Mantiene su espíritu fundacional maoísta y al mismo tiempo añora el nacionalismo revolucionario. El partido es un pegote de distintas ideologías movido y motivado, en cada elección, por la política mercenaria y en los nuevos tiempos ya no se siente parte del mismo proyecto.