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Por robarse al amor de su vida, hoy salta en los cruceros para mantener a su familia

Foto: Sonia Pérez

Foto: Sonia Pérez

19 de Abril 2018

Saltillo, Coahuila / 19 Abril 2018

Por: Sonia Pérez

A uno, por “robarse” a su hija, su suegro le dio siete balazos  que le dejaron heridas profundas que casi lo matan; a otro, la diabetes; pero a ambos, hombres que hoy carecen de una pierna, se ganan la vida mediante la “generosidad de los saltillenses”.

Siete balazos… que lo destrozaron literalmente por dentro y que, según los médicos le arrebatarían un brazo y hasta la memoria,  sin lograrlo, no fueron suficientes para acabar con su vida, pero tampoco por su amor por la vida.

Con el sol a plomo, picante y propio de la primavera en la desértica capital coahuilense, Miguel Ángel Zavala Sotelo, mutilado de una de sus piernas, salta la cuerda con una habilidad impresionante mientras se mantiene el rojo del semáforo de una de las arterias más transitadas de Saltillo.

Gira, extendiendo sus manos y hace malabares frente a las decenas de autos que esperan el cambio de luz para seguir con la rutina de un miércoles, la mitad de la semana.

Un minuto… el tiempo necesario para saltar y despertar la atención y cautivar a un público que sabe y recompensa el esfuerzo físico de un hombre que ha hecho de este oficio el sostén de su familia… su esposa y su hijo de tres años.

“Perdí una pierna pero es una pequeñez para que yo me quede llorando, tristeando y tengo que luchar como todas las personas en el mundo”, dice entre risas.

“Me reventó la vena hiliaca y la arteria femoral, me entraron tres balas por la “panza” y me revienta esa arteria y esa vena que son principales y me tuvieron que amputar mi pierna.

“En la pierna no me dio ninguno, me entraron tres en la panza y esos  tres me reventaron toda mi parte interior que incluye la vejiga, me quemó un intestino  y me llegó una bala al área abdominal que todavía la traigo allí”, señala.

Zavala Sotelo, originario de Lázaro Cárdenas Michoacán recorre los autos cuyos conductores le ofrecen unas cuantas monedas que se convierten en el sostén de su esposa, Janeth Zamora y su hijo Ángel Isaac.

Después del enfrentamiento con un enardecido suegro porque se llevó a la hija de 17 años que descargó la furia de su arma en el cuerpo de Zavala un 12 de julio del 2012,  los médicos le decían que no podría caminar y que su cintura tampoco funcionaría, pero hoy, pese a las secuelas hace sus piruetas que deleitan a los saltillenses.

Con un ánimo que no decae ni por su condición, ni por el esfuerzo físico que le representan las piruetas durante cinco horas diarias y ni siquiera por la carencia de justicia de su caso ya denunciado, Miguel Ángel le sonríe a la vida y entre risas contagiosas, cuenta su historia de vida en el crucero del Periférico LEA y Venustiano Carranza.

Escucha la entrevista de Miguel Ángel. 

Sobrevive de la generosidad de los coahuilenses. 

El mismo día, a la misma hora, en la misma artería pero en otro lado de la ciudad; Juan Arévalo, un hombre mayor de ojos tristes, también sobrevive desde hace dos semanas pidiendo limosna a los saltillenses.

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