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Los migrantes somos seres humanos: hondureña

Foto: Especial

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28 de Enero 2022

NORMA RAMÍREZ

Somos seres humanos, sentimos y corre sangre por nuestras venas solo no soy de su país, expresó  Mirtha Judith Palacios, de origen hondureño, quien dio a conocer que ser migrante no es una opción es una necesidad de estar a salvo y aun así pasan por mucho sufrimiento en la búsqueda del sueño americano.

Narró, que tienen un año en México y que había logrado un permiso de Migración para su estancia legal en el país, pero hace seis meses, a ella y a su hija las raptaron y despojaron   de sus pertenencias y papelería; lograron escapar, lo que la orilló a cruzar el río para poner a salvo a su hija con las autoridades norteamericanas.

En Honduras  su menor hija estuvo en peligro  de ser violada  por transgresores de la ley, cuando se puso  la denuncia  y se dieron cuenta  las amenazaron teniendo que salir el mismo día dejando atrás todas sus pertenencias. 

El  no contar con la documentación que acredite el permiso temporal  hace  que su estancia  sea un verdadero suplicio, dijo que llegó a México hace un año pero en esta frontera  tienen seis meses. A su llegada  señala que fue secuestrada  en una camioneta y la tuvieron a ella así como a su hija de 11 años  en condiciones infrahumanas, pero  se  las ingenió  para salir  y escapar  para ponerse a salvo, pero desde ese día no  logran sentirse tranquilas.

Cuenta que fue difícil entregar a su hija a las autoridades norteamericanas, pero como tiene otra hija viviendo allá, gestionó que se la dieran para su resguardo.

“Crucé el río, entregué a mi hija y me regresé a México, no me quiero quedar aquí”.

Comentó que  en el proceso se ha encontrado con   diferentes personas   unas buenas otras  que los tratan muy mal, los señalan y los tratan como “apestados”, pero defiende que son de otro país y que su color de piel es distinta pero nada más.

Para sobrevivir   ella y su pareja  trabajan en centros comerciales  Mirtha  haciendo  trenzas  y él  limpiando vidrios con lo que ganan  compran  algo para comer, duermen en una congregación religiosa  donde les brindan un techo para  pasar la noche.

Consideró injusto  que la autoridad no les permita   tomar  un taxi, los dejan parados  y tienen que caminar  kilómetros si quieren llegar a su destino; tampoco pueden tener acceso a un cuarto de hotel  o renta de una casa por falta de documentos, prácticamente viven  de la buena voluntad de la gente. 

“No tenemos empleo  por lo que no tengo dinero para llamar a mi hija y cuando  lo logra ella le dice que la necesita, por otro lado no puede  arreglar sus papeles   para el permiso  de estancia legal en el país por falta de recursos económicos”, dijo. 

Agradeció a las autoridades   la oportunidad de vacunarse  puesto que esto les permite dentro de sus circunstancias  estar sanos señaló que cuida los protocolos de salud para no contagiarse y contagiar a otros.