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17 de Noviembre 2023

Besar al detective

Por Luis Guillermo Hernández Aranda

Culiacán es una ciudad donde el ser narcotraficante es un estilo de vida. De esta ciudad es el escritor Élmer Mendoza (1949-), quien en palabras de Federico Campell es “el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país”.

Su primera novela Un asesino solitario publicada por primera vez en 1999 llamó la atención de la crítica, la cual nuevamente se desvivió en elogios en 2001 con la publicación de El Amante de Janis Joplin con la que ganó el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares.  

Mientras muchos escritores se esfuerzan por comprender y retratar la cultura del narcotráfico, en Elmer Mendoza es un proceso natural ya que en su natal Culiacán creció escuchando hablar de balaceras, “levantones” y ajustes de cuentas.

Desde la primera novela que leí de Elmer Mendoza se convirtió en uno de mis autores favoritos. Estoy convencido que junto a Paco Ignacio Taibo II, son los mejores exponentes de novela policiaca que existen en México. Sobre todo, porque sus detectives, el Zurdo Mendoza y Belascoarán Shayne son los antihéroes que sólo puedo existir en nuestro país. Ellos no son agentes del glamour y refinados como James Bond, ellos toman Coca-Cola y cerveza Tecate, en pocas palabras les sobra barrio.

Con estos antecedentes no dudé en compra la novela Besar Al Detective, editada en 2015, donde nos narra una saga más del Edgar “Zurdo” Mendoza. Aquí nuestro agente de la Policía Ministerial de Culiacán debe investigar la muerte de un hombre que ha sido asesinado y que resulta ser un adivino, Leopoldo Gámez, que tiene relación con narcotraficantes porque también a ellos les lee el futuro. Al mismo tiempo, en una emboscada la líder del cártel del Pacífico, Samantha Valdés, resulta gravemente herida y es traslada al Hospital Virgen Purísima, donde el doctor Jiménez debe salvarle la vida rodeada de policías, militares y sus secuaces, como Max Garcés.

La literatura de Mendoza es ágil, cargada de ironía y violencia. El acento norteño siempre está presente en sus personajes. Y es que Élmer Mendoza pertenece a esa generación de escritores que obligaron a los críticos del Centro a voltear a las propuestas literarias que se hacen en el norte del país.

No puedo negar que, así como cuando de niño me emocionaba ver las películas donde El Santo y Blue Demon unían esfuerzos para combatir el mal, la misma emoción sentí cuando en las paginas de Besar al Detective coinciden el Zurdo Mendoza y Belascoarán Shayne.

En esta novela los buenos no siempre son buenos y los malos no siempre son malos. La vida no es blanco y negro. Sin duda Elmer Mendoza es un autor que vale la pena leer en estos convulsionados días donde la realidad supera a la ficción.