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Sábado 11 de Julio 2020
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Un avión (cancelado), un tren y un coche: viajar por Europa en una pandemia

LYNXMPEG5B1WJ.jpg,Combo picture shows the time when Reuters journalist Gabriela Baczynska left Brussels (Top) and arrived in Warsaw (Bottom) during a travel of 1,300 kilometres across Europe from Brussels to her hometown Warsaw amid the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, Belgium and Poland, June 10, 2020. Picture taken June 10, 2020. REUTERS/Gabriela Baczynska; Crédito: GABRIELA BACZYNSKA, Reuters

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12 de Junio 2020
SALUD-CORONAVIRUS-EUROPA-VIAJES:Un avión (cancelado), un tren y un coche: viajar por Europa en una pandemia

Por Gabriela Baczynska

BRUSELAS, 12 jun (Reuters) – Hace tres meses, el viaje de Bruselas a Varsovia implicaba un vuelo directo de unas dos horas, además de los desplazamientos hacia y desde los aeropuertos.

Después de que la pandemia de coronavirus cerrara las fronteras y dejara en tierra a la mayoría de los aviones, este viaje de 1.300 kilómetros a través de Europa multiplicó por siete su duración e implicó la cancelación de un avión, viajes en trenes y en automóvil … y cruzar a pie un puesto de control fronterizo antes inexistente.

Los confinamientos para frenar la propagación del virus han asestado un duro golpe a la facilidad de movimiento en toda Europa, aunque se están levantando las restricciones y el panorama podría mejorar para algunos viajeros en los próximos días.

El viaje desde Bruselas a mi ciudad natal de Varsovia comenzó con un contratiempo antes incluso de empezar.

La tarde del martes 9 de junio me comunicaron que mi vuelo a Fráncfort, programado para la mañana siguiente, había sido cancelado después de que quebrara una empresa encargada de la gestión de equipajes en el aeropuerto de Bruselas, otra víctima de la crisis del coronavirus.

De esta forma se fueron por la borda mis planes de volar a Berlín pasando por Fráncfort y tomar allí un tren hasta la frontera germano-polaca.

Decidí entonces reservar billetes de la operadora de trenes alemana Deutsche Bahn de Bruselas a Berlín y emprendí el viaje la mañana siguiente, alrededor de las 9 a.m. Con una conexión en Colonia, donde los andenes de la estación estaban insólitamente vacíos, el viaje a Berlín duró casi siete horas.

Era obligatorio llevar mascarillas en el tren, y los vagones y las estaciones estaban llenas de carteles que recordaban a los viajeros que debían permanecer separados por lo menos 1,5 metros.

No había controles especiales cuando el tren cruzó de Bélgica a Alemania, pero al menos 17 de los 26 países de la zona Schengen de Europa han impuesto controles de emergencia debido al coronavirus.

Después de otro cambio en la estación de Hauptbahnhof, en Berlín, un tren vespertino me llevó a Fráncfort del Óder, una localidad fronteriza alemana que al otro lado del río tiene a la somnolienta población polaca de Slubice.

Tuve que caminar 2 kilómetros desde la estación hasta la mitad del puente que cruza el Óder, que marca la frontera entre los países. Los guardias fronterizos polacos habían montado una carpa para el control de los pasajeros y unos carteles recordaban a los peatones que debían mantener la distancia.

Después de un control de la temperatura rápido y sin contacto y de echar un vistazo a mi identificación y a los documentos que confirmaban el viaje de negocios, ya estaba dentro del país.

Polonia, que ha registrado números récord de casos diarios de coronavirus este mes, se ha visto excluida de las burbujas de viaje concertadas entre varios países vecinos: los países bálticos al norte y Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Austria al sur.

El Gobierno polaco ha anunciado que reabrirá sus fronteras para los viajeros de la UE a partir del 13 de junio.

Desde Slubice, hay unos 470 kilómetros hasta la capital polaca. Conducir por las nuevas autopistas subvencionadas por la UE me llevó más de cuatro horas y, al caer la noche, llegué a Varsovia unos minutos antes de la medianoche, unas 15 horas después de haber partido.

En cierto modo, el viaje fue agradable e interesante. Pero también supuso un viaje a otra época, varias décadas atrás, en la que Europa era menos accesible, menos próspera y menos abierta.

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(Información de Gabriela Baczynska; Información de Mike Collett-White; traducido por Tomás Cobos)