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Domingo 05 de Diciembre 2021
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Matatena: siete años

Cyntia Moncada. Foto: Especial

Cyntia Moncada. Foto: Especial

03 de Noviembre 2021

CYNTIA MONCADA

Los grandes cambios llegan de golpe y la maternidad no es la excepción, para mí fue como una avalancha de dudas, soledad y cansancio: el cultivo perfecto para que una simple pregunta jalara todo un entramado de cuestionamientos sin fin. Así fue como nació Matatena. 

Mi hija tenía unos cuantos meses, la cuarentena me parecía eterna y (muchas veces) asfixiante, pero no tenía energía ni ánimos ni tiempo para intentar recobrar algo de mi antigua vida.

(El puerperio es un claro ejemplo de que se puede sentir mucho amor y muchas ganas de salir corriendo al mismo tiempo).

Hasta que un día navegando entre la ropa húmeda de leche agría y los grupos de apoyo a mamás, alguien jaló el hilo: “¿Ustedes han ido al cine desde que son mamás?” 

A las pocas horas ya existía un grupo (“Las mamás también queremos ir al cine”) y unas cuantas semanas después organizamos la primera de muchas funciones. Para muchas de nosotras esas salidas eran un escape: 90 minutos en los que podíamos acariciar la vida como la conocíamos o, al menos, dejarnos de preocupar por “incomodar”.

El cine encendió la hoguera, pero luego nos cuestionamos por qué había tan pocos lugares amigables con la infancia. Íbamos por la vida disculpándonos (como si a los adultos se les hubiera olvidado que alguna vez fueron bebés que lloran y comen) y adaptándonos (porque eso se esperaba de nosotras). 

No queríamos solo ir al cine, necesitábamos “una ciudad al alcance de los niños”, donde todas y todos los niños pudieran desarrollarse plenamente, donde se reconociera la importancia de la crianza y los cuidados para construir una sociedad más justa (“Cambiando el comienzo, cambiamos la historia”). 

Generar espacios amigables para las hijas e hijos nos liberó de muchas cargas, nos dio más oportunidades para hablar y acompañarnos, hicimos tribu. No lo sabíamos, pero estábamos desafiando un mandato que nos obligaba a recluirnos en la casa, solas, con sobrecarga de trabajo, presiones y autoexigencias. 

Pero no se puede ser libre mientras siga habiendo mujeres sometidas –escribió Audre Lorde– y si hay una maternidad marcada por la vulneración reiterada de sus derechos es la de las madres adolescentes. Cuando conocimos sus historias no hubo marcha atrás. El enojo y la frustración nos cambió. Matatena se convirtió en una asociación civil y asumimos de manera oficial la lucha por las mujeres.

Hoy cumplimos siete años. Cuestionarnos, borrar lo que creíamos y reinventarnos ha sido una constante. Nos hemos dejado guiar por los sueños y muchos se han cumplido gracias a todas las mujeres que han unido sus soledades, pasiones, dudas y miedos para convertirlos en un motor amoroso capaz de mover el mundo.

Y seguimos alzando la voz porque ninguna adolescente debe ser madre contra su voluntad, porque las niñas deben estar jugando y no pariendo, porque la maternidad debe ser deseada, acompañada y consciente o no será.