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Las diferencias entre los mandatarios populistas de África

Rubén Aguilar. Foto: Especial

Rubén Aguilar. Foto: Especial

25 de Noviembre 2021

RUBÉN AGUILAR VALENZUELA

En artículos anteriores publicados en Etcétera sobre los mandatarios populistas de África (11.11.21 y 18.11.21) traté el tema de las estrategias operativas y de la forma y el contenido del discurso. Ahora presento las diferencias que existen entre ellos.

Los mandatarios que se contemplan son: John Pombe Joseph Magufuli (1959-2021), presidente de Tanzania (murió en marzo por Covid-19); Andry Nirina Rajoelina (1974), presidente de la República de Madagascar; Paul Barthélemy Biya’a bi Mvondo (1933), presidente-dictador de la República Federal de Camerún; Évariste Ndayishimiye (1968), presidente de la República de Burundi; Issayas Afewerki (1946), presidente-dictador de la República de Eritrea y Salva Kiir (1951), presidente del Sudán del Sur, el país más joven del mundo.

 

En lo que no coinciden

En las semejanzas se dan elementos que estos líderes populistas no comparten o no lo hacen del todo. Aquí las diferencias:

  • Unos son más corruptos que otros. Dentro del marco que sus países se califican como de los más corruptos del mundo.
  • Reprimen de manera distinta. Unos son más represores que otros. Destaca Afewerki. Tiene a más de 10,000 presos políticos en las cárceles. 
  • Agreden a los medidos y los periodistas. Unos más que otros. Hay censura. Eritrea es el país del mundo con más periodistas encarcelados. Ndayishimiye es el único que habla de libertad de prensa.      
  • Control social. El caso de Eritrea es diferente al de los otros países. El gobierno da seguimiento puntual a lo que realiza cada ciudadano. Sabe lo que hacen y dicen. Vigila todo tipo de reuniones. Es un caso único a nivel mundial.
  • Vestimenta. Kiir utiliza siempre un sombrero vaquero que lo caracteriza. Es parte de su imagen pública. Los otros no tienen algo que los identifique de manera particular.

 

Fragilidad institucional y golpes de Estado

Estos gobernantes populistas son parte de una realidad como la de África donde se suman más de 200 golpes de Estado desde que a finales de los años cincuenta del siglo pasado empezó el proceso de la independencia de los distintos países. La mitad han sido exitosos. Entre 2001 y 2019 hubo una media de 1.5 golpes por año. En lo que va de 2021 han ocurrido seis, y cuatro han tenido éxito: Sudán, Mali, Chad y Guinea-Conakry. Quienes se hacen del poder son jóvenes oficiales de los ejércitos.

Los especialistas hablan de que el continente se enfrenta a un crecimiento de los golpes de Estado, el mayor en los últimos diez años, pero lejos de los que ocurrieron en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. No es, dicen, que a los africanos les “gusten” los golpes de Estado, sino que ante las dictaduras militares, algunas brutales, el nepotismo, la corrupción, la pobreza, el mal gobierno y la ausencia de una estructura democrática que permita disputar el poder, no queda más que la alternativa de otros militares.

De 1990 a 2021 se han celebrado 304 elecciones generales o presidenciales en África y solo en 25 de ellas ganó la oposición. Un disparador de los golpes de Estado ha sido que desde 2015, 13 gobernantes cambiaron la Constitución, para reelegirse y permanecer en el poder. En medio del real retroceso democrático en algunos países se sigue dando la alternancia pacífica del poder como en Ghana, Sierra Leona, Liberia o Cabo Verde. Esta también es parte de la realidad africana, pero pasa desapercibida.

 

Twitter: @RubenAguilar