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La Reforma Eléctrica estaba muerta, nomás no le habían avisado

Israel Navarro. Foto: Especial

Israel Navarro. Foto: Especial

19 de Abril 2022

ISRAEL NAVARRO

En junio del 2021 debatíamos sobre si los resultados de la elección intermedia habían sido favorables o no para el oficialismo. Que si Morena había sacado la mitad de votos que en el 2018, pero había ganado 11 gubernaturas, que si la oposición había ganado la mitad de la Ciudad de México, o que si los partidos aliados de la 4T habían conservado la mayoría en la Cámara de Diputados. Pero el meollo de esa elección era precisamente eso: el Congreso, porque eso nos lleva al golpe que sufrió la Reforma Eléctrica, también llamada Ley Bartlett.

¿Qué proponía el presidente? Pues, reformar la Constitución con dos objetos: primero, limitar la participación de empresas de generación de energía extranjeras para que la CFE tenga la mayor parte del mercado cautivo; y segundo, acomodar el petróleo y carbón que tiene México para producir electricidad.

Sin embargo, este proyecto era cuestionable porque maniatar a las empresas extranjeras no necesariamente fortalece a la CFE. La tortuga no va a correr más rápido por el hecho de que se le pongan obstáculos a la liebre. Más bien hay que darle unos patines a la tortuga. Y por otro lado, está comprobado que producir energías limpias es más barato que usar combustóleo, por lo que no necesariamente bajarían las tarifas eléctricas, a menos que se recurra a los subsidios que terminan siendo pagados por todos los mexicanos. Ya ni hablemos la contaminación que produciría ese modelo.

Para pasar su reforma, el presidente necesitaba mayoría calificada, es decir 334 de 500 diputados. Morena  y aliados llegaron a 275 votos. O sea que les faltaron 59 votos, una cantidad similar a las curules que perdieron en el 2021. La elección intermedia no se trataba del control territorial, sino de la viabilidad política de los proyectos del presidente en la segunda mitad de su mandato. Si el oficialismo hubiera mantenido su fuerza en San Lázaro, la Reforma Eléctrica habría tenido más posibilidades de pasar. Ergo, AMLO no perdió esta batalla el domingo pasado, sino en junio del 2021.

Ahora vendrá la guerra de narrativas sobre quién defendió verdaderamente los intereses de los ciudadanos, pero el plano político está tan polarizado que las iniciativas subsecuentes ya no se tratarán de hacer lo correcto, sino de aglutinarse en un bando y de cerrar filas a favor o contra el presidente. De hecho, los diputados no estaban votando por el fortalecimiento de la CFE, la generación de energía a menor precio o por cuidar el medio ambiente, sino por defender o darle un revés legislativo a AMLO.

Y así será de aquí al 2024. Falta mucho, y nada garantiza que las alianzas políticas perduren, pero lo que sí es claro es que las elecciones tienen consecuencias y que la estrategia de hablarle solo a la base también tiene su lado boomerang.

 

*Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter @navarroisrael