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Cyntia Moncada. Foto: Especial

Cyntia Moncada. Foto: Especial

15 de Septiembre 2021

CYNTIA MONCADA

“Nosotras construimos nuestras memorias”, decía una frase escrita en una de las tantas vallas que se colocaron en la Ciudad de México para cubrir los monumentos durante el 8M. Aquellos días las calles de la capital del país se llenaron de pintas, stickers y carteles de decenas de mujeres denunciando, protestando, exigiendo; pero las vallas que pusieron para frenarlas se transformaron en lienzos. Nadie olvidará el día en que las mujeres convirtieron un muro en una ofrenda de flores, consignas y poesía.

Desde el inicio de nuestra historia las mujeres hemos sido invisibilizadas en los libros de texto, en la literatura, en las ciencias, en la historia y no es que no tuviéramos participación, simplemente fuimos borradas (“la historia del patriarcado es la historia de las exclusiones”, dice Lagarde) y crecimos ignorando a nuestras ancestras.

En la actualidad, únicamente un 10 por ciento de las columnas de opinión que aparecen en los periódicos son firmadas por mujeres y son autoras de menos del 30 por ciento de los libros que se publican. En las escuelas no leemos escritoras. De los textos que se incluyen en los libros de la Secretaría de Educación Pública, sólo 14 por ciento corresponden a mujeres (Marcela Vargas y Kenia Sotelo, Corriente Alterna, 2020). Somos el 51 por ciento de la población, pero nuestra memoria es desconocida. 

Aún así, las mujeres hemos comenzado a abrir (y arrebatar) espacios donde reconocernos, desde distintas trincheras y tomado muros y calles si es necesario. “Hay que escribir para que cada palabra soporte el peso de las que no están” –dice Leila Guerriero– y yo comienzo esta columna con la pretenciosa intención de poder ser testimonio y voz de las mujeres de mi tiempo, como un homenaje a las que ya no están y una contribución a nuestra genealogía.

Hoy más que nunca resulta pertinente apropiarnos de espacios como este que hoy inauguro, para  hablar desde nuestro lado del mundo, desde la vida como la vivimos y la entendamos nosotras, de la violencia y las desigualdades que nos atraviesan.

Soy Cyntia Moncada, soy castañense, dirijo la asociación Matatena, escribo como acto de supervivencia y soy madre de una niña que me saca siempre de mi zona de confort y me enfrenta de golpe con la vida. Mi pluma no promete ser siempre conciliadora, a veces es necesario hablar desde la indignación y la rabia, porque las historias que vemos cotidianamente no permiten que las suavicemos con matices. 

Duermevela significa sueño intermitente y este espacio es parte del sueño de construir un mundo mejor para nosotras y las generaciones que nos siguen, de ocupar los espacios que durante mucho tiempo han sido inaccesibles. Nosotras construimos nuestra memoria. Esta es la mía.