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El marco teórico del presidente

Rubén Aguilar. Foto: Especial

Rubén Aguilar. Foto: Especial

03 de Noviembre 2021

RUBÉN AGUILAR VALENZUELA

Es común que ciertos sectores de la sociedad se pregunten, incluso sorprendidos o francamente escandalizados, sobre el porqué de las declaraciones del presidente y también de sus decisiones políticas que van en sentido contrario a lo que ocurre en las democracias más desarrolladas del mundo.

Como respuesta algunos plantean que el presidente es francamente ignorante, que vive fuera de la realidad, que construye un mundo alterno, que ya se piró y otros sostienen que tiene graves problemas psicológicos o que ya está francamente loco.

Jorge G. Castañeda en artículos publicados en su blog “Amarres”, en Nexos, plantea que la explicación radica en la manera de pensar del presidente. La respuesta a las dudas que plantean sus dichos y acciones está en su formación teórica adquirida en los años setenta.

En su artículo del lunes pasado “Una nueva salida del clóset de López Obrador: derechos humanos” dice que el presidente “es todo menos que un idiota” y que sus ideas son producto de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM de los años setenta.

Castañeda sabe bien de lo que habla porque fue profesor de esa facultad por casi 30 años, de 1979 a 2008. En la UNAM de los años setenta “tuvo lugar la etapa fundacional del “pensamiento” de AMLO: marxismo primitivo, nacionalismo revolucionario simplista, mentalidad maniquea de la Guerra Fría”.

A lo que plantea Castañeda, desde hace años profesor de la Universidad de Nueva York, añadiría la formación que López Obrador recibió en el PRI en los tiempos de los presidentes Echeverría y López Portillo.

No solo es el “nacionalismo revolucionario simplista”, propio del priismo de esos años, que plantea Castañeda, sino también una manera de entender el Estado, como sinónimo de gobierno, y una forma de hacer política y gestionar el poder. El presidente sigue siendo muy priísta.

A eso hay que añadir la teología del evangelismo pentecostal que profesa el presidente, que es una de las corrientes más conservadoras del evangelismo. Probablemente de ahí venga su férrea oposición al movimiento feminista y su posición conservadora ante realidades como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Castañeda termina su artículo: “Lo bueno —y es necesario felicitar a López Obrador por ello— es que estamos en plena temporada de salidas de clóset del presidente: Cuba, derechos humanos, medio ambiente, feminismo, nacionalismo ramplón. Ya nadie puede llamarse a engaño”.

Y añado, todo producto de su formación setentera en la UNAM, a la que se mantiene fiel, semper idem (siempre lo mismo), que era el lema del muy famoso y conservador cardenal Alfredo Ottaviani (1890-1979) y de su militante evangelismo pentecostal, alimentado por el pastor Arturo Farela, con quien ha orado en Palacio Nacional.

 

Twitter: @RubenAguilar