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El asesinato del jesuita Hernando de Tovar

Rubén Aguilar. Foto: Especial

Rubén Aguilar. Foto: Especial

26 de Octubre 2021

RUBÉN AGUILAR VALENZUELA

El misionero Hernando de Tovar (1581-1616) es el primero de los ocho jesuitas asesinados en la rebelión de los tepehuanes liderada por el indígena Quatlatas, en el hoy Durango, entre el 16 y 20 de noviembre de 1616.

Su muerte ocurre, el 16 de noviembre, en la comunidad de Santa Catarina de Tepehuanes de regreso de Culiacán, su ciudad natal, a donde había ido, por orden de su superior, a conseguir apoyos, para la construcción de la iglesia de los jesuitas en Guadiana (Durango).

Los tepehuanes sublevados habían decidido atacar el 21 de noviembre. Ese día se preparaba una fiesta en la iglesia de la Misión del Zape, para celebrar la colocación de una imagen que habían traído de México. La ocasión era oportuna, para el asalto. Santa Catarina iba estar indefensa.

En esos días a la población había llegado un arriero que vendía ropas y otros productos en los Reales de Minas de la comarca. Los levantados vieron la posibilidad de quedarse con toda la mercancía.

El 15 de septiembre de Tovar arriba al pueblo. Los tepehuanes deciden adelantarse a la fecha programada y el 16 de noviembre inician las hostilidades con el robo al comerciante. Ese día dejan que el jesuita siga su viaje a Guadiana.

Ya en el camino, fuera del pueblo, lo apresan y le dan con una macana en la cabeza que lo tira de la mula y luego lo alancearon en el pecho y ahí mismo muere. Juan Francisco, un indio mexicano, preso de los tepehuanes, fue testigo de su muerte. Él, que pudo escapar, dijo que el jesuita, despojado de sus vestidos, antes de expirar pronunciaba el nombre de Jesús y palabras en latín. A partir de su asesinato fue considerado mártir.

El padre de Tovar nació en 1581 en San Miguel de Culiacán, Nueva Galicia. Fue hijo de Isabel de Tovar, reconocida en su tiempo por su inteligencia y belleza, y Luis de los Ríos Proaño.

No se le identifica por sus apellidos originales sino por los de su abuelo materno. La familia tenía una estrecha relación con los jesuitas.

Antes de ingresar a la Compañía de Jesús, en 1598, estudió humanidades entre 1595 y 1598 en el Colegio de San Pedro y San Pablo, de la Ciudad de México, dirigido por los jesuitas. Entre 1600 y 1603 estudia filosofía en Puebla. Su magisterio lo hace en Valladolid (Morelia) donde enseña latín. Entre 1605 y 1608 realiza la etapa de la teología en el Colegio Máximo en la capital de la Nueva España. Se ordena sacerdote en 1608. En 1609 en Puebla hace la tercera probación.

Al terminar esta etapa de la formación de los jesuitas se le destina a la misión de Santa María de las Parras, Coahuila, donde estuvo de 1610 a 1612. Luego es enviado a Guadiana. En 1614, hace su cuarto voto en la iglesia de la Compañía.  En 1616 es comisionado, para investigar un supuesto milagro del entonces beato Ignacio de Loyola en esa ciudad. El encargo llega en 1617 cuando ya había muerto.

El testimonio de quienes lo conocieron habla de que era dotado intelectualmente, sencillo y humilde. Tenía fama de piadoso y se le reconocía como un buen predicador y también como apto para enseñar en los colegios, pero sobre todo para el ministerio con los indios.

De él en 1695, 79 años después de su asesinato, el jesuita Francisco Eusebio Kino (1645-1711), desde la Primería Alta en Sonora, escribe: “El Padre Hernando de Tovar, natural de la Villa de Culiacán, ganó nombre de ángel, por su angelical vida, pronosticó desde niño su martirio. Dio su sangre y vida por la fe, en la misión de Santa Catalina, a flechazos y con una lanza, con la cual los rebeldes Tepehuanes, le pasan el pecho. Murió a los 35 años de edad”.

 

Twitter: @RubenAguilar