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Miércoles 27 de Octubre 2021
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Cuando las mujeres nos reunimos

Cyntia Moncada. Foto: Especial

Cyntia Moncada. Foto: Especial

13 de Octubre 2021

Para las SD, matatenas y el círculo Rosario Castellanos

CYNTIA MONCADA

Cuando las mujeres nos reunimos todo pasa. 

Ver a mis tías platicar era una de las cosas que más disfrutaba cuando era niña; amaba escabullirme entre sus faldas y sus conversaciones mientras ellas embadurnaban hojas de maíz, remendaban ropa o unían retazos interminables de telas de colores. A veces parecía que no se escuchaban las unas a las otras, que sólo lanzaban trozos de anécdotas o se preguntaban cosas en voz alta, pero estaban ahí juntas, hilando, cortado, cosiendo y cocinando sus pensamientos. Los grandes aprendizajes de mi vida comenzaban siempre con alguna de las historias que se contaban ahí y los misterios cotidianos se resolvían durante esas charlas. 

Después la búsqueda (infructífera) de referentes literarios sobre la maternidad me llevó a otro círculo. Éramos doce, edades diferentes y momentos de la vida abismalmente distintos. Nuestra única pretensión era leer libros de mujeres y escribir sobre nuestro lado del mundo. Estudiamos la biografía de las autoras, sus dificultades para ser reconocidas y nos dejamos seducir por las letras, pasamos por Rosario Castellanos, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Rosalía de Castro, Pita Amor, Marguertie Yourcenar, Gioconda Belli, Cristina Peri Rossi y muchas más. Nos leímos en las letras de las otras, hilvanamos palabras para darle sentido a nuestros pensamientos, para ir contracorriente de esa inercia de minimizar la escritura de las mujeres.

Hoy las mujeres que he conocido gracias al feminismo me han confirmado que frente a las batallas cotidianas, los espacios de contención y apoyo entre mujeres sostienen. En colectivo soñamos, planeamos, impulsamos reformas, hacemos brigadas y gestionamos la frustración. Sin miedo a romantizar la sororidad puedo decir que los círculos feministas salvan y rescatan los días en que parece que todo está en contra.

Las mujeres de mi familia abrían espacios de contención para escabullirse, eran relegadas al espacio privado, pero ellas abrían brechas para cuestionar la vida (a su manera), resignificar sus vivencias y ser un poco más libres.

Me enseñaron que cuando las mujeres nos reunimos –sea cual sea la hoguera que nos convoque– todo pasa: echamos raíces, reescribimos la historia, forjamos nuestro presente, afianzamos los pasos hacia la libertad. Pasa que cuando estamos juntas nos sostenemos, cuestionamos, ideamos, nos curarnos, construimos nuevas formas de ser, de acompañar y ese espacio se parece mucho al mundo que nos gustaría habitar.