El costo de esperar José Inocencio Aguirre Willars

¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean. Cuando alguien se enferma, el tiempo cambia de valor. Una semana para conseguir una cita puede sentirse interminable. Un estudio pendiente ocupa la conversación familiar. Una receta sin surtir obliga a hacer cuentas que nadie tenía previstas. Esperar también cuesta: dinero, jornadas de trabajo y tranquilidad. Las protestas de trabajadores del IMSS nos obligan a mirar esa realidad. El reclamo salarial convive con denuncias sobre falta de insumos, equipo y personal. Quienes atienden y quienes necesitan atención se encuentran todos los días frente a una misma pregunta: ¿alcanzará lo que hay para resolver lo que hace falta? El rechazo a la propuesta salarial abrió una nueva negociación. Pero un acuerdo que mejore los ingresos del personal necesita acompañarse de soluciones para los pacientes. Sería insuficiente cerrar el conflicto y dejar intactas las condiciones que dificultan brindar un servicio digno. Conviene recordar lo que se nos dijo. En septiembre de 2024, Andrés Manuel López Obrador afirmó que IMSS-Bienestar ya era el sistema de salud más eficaz del mundo y mejor que el de Dinamarca. Aquella declaración se refería a un organismo distinto del IMSS que hoy enfrenta las protestas. La transformación anunciada debe contrastarse con sus resultados. Porque seguimos lejos de esa promesa. Las necesidades que el propio IMSS está identificando en sus hospitales exigen respuestas. Escuchar al personal es necesario; resolver requiere recursos, responsables y fechas. Cada carencia registrada debe convertirse en un compromiso cuyo cumplimiento podamos conocer. Reconocer problemas acumulados durante años obliga a actuar con seriedad. Quienes gobiernan asumieron la responsabilidad de corregirlos. La ciudadanía tiene derecho a exigir cuentas sobre las decisiones, el presupuesto y los resultados de hoy. También debemos reconocer a quienes sostienen la atención cotidiana. Médicos, enfermeras, camilleros y personal de apoyo necesitan condiciones adecuadas para trabajar. Su esfuerzo merece respeto y una respuesta institucional que les permita cumplir con los pacientes. El tamaño de la promesa fue enorme. La medida de su cumplimiento está en una consulta oportuna, un estudio realizado y un medicamento disponible. Defender al Seguro Social implica exigir que funcione. Para quien espera afuera de un consultorio, la salud pública tiene una medida muy concreta: recibir atención cuando la necesita. Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.