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Sábado 18 de Septiembre 2021
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“Todas, todos o todes”: El lenguaje inclusivo, una batalla cultural

Foto: Especial

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07 de Septiembre 2021

Mientras algunos consideran que es un tema de igualdad y libertades, otros lo señalan como una imposición de un grupo minoritario que busca modificar el lenguaje como un atentado a la gramática

JESSICA ROSALES

“¡No soy tu compañera, soy tu compañere!” Este reclamo durante una clase virtual de una joven que se identifica como no binaria, persona que no se asume como hombre ni como mujer, desató una polémica entre internautas, y comenzó una batalla entre defensores de los derechos de la diversidad sexual frente a aquellos que priorizan la lingüística tradicional y la gramática basada en las reglas de la Real Academia Española (RAE).

El lenguaje incluyente, inclusivo o no sexista, se refiere al uso de términos gramáticos que visibilicen a grupos vulnerables históricamente excluidos y discriminados, principalmente con identidad de género y orientación sexual diferente a las masculinas o femeninas, cuyo uso se ha polemizado por la exigencia de colectivos que buscan integrar una nueva forma de hablar y de comunicarse.

Gigi Vázquez, representante del colectivo Rainbow, es un joven que se identifica como no binario, es decir, que no se sienten totalmente hombres pero tampoco mujeres, y considera que quienes se asumen con esta identidad son personas que van en contra de una norma socialmente construida, y asumen un tercer género.

“Siempre ha existido el no binario porque como sociedad somos una diversidad de personas, y como no todes somos iguales es cuando se empieza a dar un conocimiento de un tercer género, siempre ha existido, pero lo que no se nombra no existe”, señala.

Desde su perspectiva y vivencia personal, Gigi Vázquez, señala que la propuesta inicial es que se refieran a una persona como se identifica, es decir, se le pregunten si quiere ser llamada él, ella o elle, principalmente en el trabajo o en las escuelas, en donde prevalece la burla y el ataque, para generar un cambio de visión que respete el derecho a la diversidad y a la identidad.

“No vamos a hacer que la población cambie su pensamiento, solo se pide que se respete, entonces como la controversia es cómo voy a saber cuando una persona es no binaria y cómo referirme a ella, se lo preguntamos, no se pide cambiar de pensamiento u opinión, pero sí respetar y evitar invalidar la identidad de alguien”, considera.

Añade, “En casa es una lucha personal en base a cada una de nuestras vivencias, impulsar la conversación en la mesa. Los cambios no se dan de la noche a la mañana, todavía siguen evolucionando, hay más visibilidad, pero aún hay pendientes, se tiene que llevar poco a poco, es un proceso constante, continuo para poder normalizarlo”.

De acuerdo con la Encuesta Sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), en México siete de cada 10 personas con identidades de género no normativas han pensado o planeado suicidarse. Igualmente, siete de cada 10 experimentaron el rechazo de su madre o padre al revelar su identidad de género.

En el caso particular de la violencia en escuelas, el 36% de las personas que se definen como no binarias declararon haber sido atacadas simplemente por su identidad.

 

¿El masculino genérico es incluyente?

La Real Academia Española (RAE) ha indicado que el uso de la letra “e” como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género.

Lo anterior, fue la respuesta que emitió la Academia ante la polémica sobre los pronombres neutros que marcan los colectivos de decir y escribir “elle” en lugar de “él o ella” como los usos más adecuados para la inclusión.

Eugenia Flores Soria, escritora y maestra de la Facultad de Letras de la UAdeC, explica que las lenguas que hablamos actualmente son producto de muchos años, mezcla de culturas, y de tradiciones que han sido combinadas a lo largo de los años para comunicarnos. Sin embargo, menciona que el masculino genérico es excluyente.

Como ejemplo, menciona el caso da la primera médico mexicana Matilde Montoya, quien tuvo problemas para presentar su examen profesional, debido a que estaba escrito que este era solo para alumnos y no para alumnas, por lo que el lenguaje y la inclusión ha sido una lucha constante también para el feminismo.

“Son expresiones que emitimos a través de un código y ese código cambia constantemente, se mueve, siempre es diferente y es parte de las culturas”, dijo.

Manifestó que el lenguaje evoluciona y cada día reclama más derechos, incluso destaca que es constante la visión de la diversidad en la literatura que está inmersa de historias que muestran la identidad de quienes no se percibe como hombres o mujeres, pese a que biológicamente así nacieron.

Sobre la Academia, Flores Soria, señala que “nos han enseñado que es la institución respetable que dicta, y bueno, ha evolucionado a lo largo del tiempo con una idea de marcar un poder a través de la lengua, que destaca que lo que sea correcto lo va a institucionalizar, pero a lo largo de su historia ha mostrado posturas muy conservadoras”.

La escritora insiste en que se trata de un problema cultural, no de escritura, pues la idea de cambiar los pronombres, debería primero traer la reflexión del porqué nos asusta tanto, por lo que considera que es un tema de incomprensión, “yo como persona de letras me impacta cómo defendemos tanto una norma a costa del dolor y la invisibilidad de muchas personas”, expresa.

Por ello, considera necesaria la discusión, al admitir que tener una apertura no significa la imposición de ideas sino el debate sobre la diversidad y las distintas formas de vivir, a fin de que exista la armonía entre todos los grupos y formas de pensamiento que no limiten la expresión.

 

Los avances del lenguaje igualitario y no sexista

Las mujeres son consideradas como un grupo vulnerable en la sociedad que pocas veces son visibilizadas y cuyas capacidades son minimizadas, con brechas salariales, y pocos espacios directivos que, según analistas, es promovido también por un lenguaje excluyente.

Al considerar que es un tema trascendental, la directora del Instituto Coahuilense de las Mujeres en Coahuila, Katy Salinas Pérez, destaca que el lenguaje incluyente busca abrir espacios y oportunidades para las mujeres.

“Que al momento de un discurso público o político, cuando nos referimos a la población, identifiquemos que están presentes las mujeres. Por ejemplo, cuando decimos médico, lo primero que se nos viene a la cabeza es que se refiere a hombres, decimos enfermeras y no enfermeros, porque creemos que el trabajo asistencial en este caso solo lo hacen las mujeres cuando ambos están incorporados”, expone.

La funcionaria indicó que no se trata de una temática con la lingüística española, con las reglas del habla española, sino de un espacio que se debe abrir para las mujeres mediante el lenguaje incluyente que pretende que las mujeres sean visibilizadas.

Manifestó que desde esta dependencia se realizan capacitaciones de sensibilización al interior del gobierno con talleres al funcionariado público, incluso entre la población, mediante campañas.

Reconoce que han encontrado resistencia en la población, al considerar que se trata de un capricho referirse a las mujeres, por lo que se plantea diversas propuestas como el uso de términos genéricos.

“Si te parece cansado usar las y los, en lugar del funcionario o funcionaria pública, decir el funcionariado público, que implica una inclusión para todas y todos”, expone.

Añade, “Precisamente en estas capacitaciones luchamos para el convencimiento y generar convicción con base a nuestros argumentos de cómo los espacios para las mujeres han estado restringidos y tenemos que generar un cambio de visión de la sociedad”.

Cabe mencionar que en algunos países como Chile, el Consejo Nacional de Cultura y las Artes promueve una guía del uso del lenguaje inclusivo; en España y Francia existen movimientos que alientan el uso del lenguaje no sexista en universidades e instituciones, sin embargo, la Real Academia de la Lengua desalienta su utilización; mientras que en México, escritores y colectivos piden sea un tema de discusión y debate, frente al rechazo  radical de una gran parte de la sociedad.