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25 de Junio 2018
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Saltillo, Coahuila  / 25 junio 2018

Por: Alfredo Dávila Domínguez

Las aguas de Saltillo

Saltillo no es, ni podrá llegar a ser la ciudad moderna, funcional y capaz de brindar un nivel de vida óptimo a sus habitantes, mientras no cuente con un verdadero sistema de drenaje pluvial que evite la inundación de la ciudad cada vez que llueve y que resguarde la preciosa agua de lluvia que irremediablemente se pierde en vez de almacenarse para atender la creciente necesidad de líquido en la población.

En tanto, las declaraciones de políticos y gobernantes que insisten en “pintar” a la capital de Coahuila como el lugar ideal para vivir, seguirán siendo solo eso: declaraciones con una intención meramente política, partidista y, eventualmente electoral.

Los problemas de la ciudad en torno a este tema son básicamente por dos razones. La primera es de origen natural por la orografía de valle que tiene una pronunciada pendiente, un declive de sur a norte que alienta a que el agua baje por efecto de la gravedad de las partes altas. La segunda es la voracidad insaciable e insensible de los  “desarrolladores de vivienda” que construyen fraccionamientos en las faldas de la Sierra de Zapalinamé – y un poco más arriba – sin respetar la cota de construcción, denominada Cota 1800, ni mucho menos la franja de amortiguamiento que prevee la ley de construcción.

¿Por qué en 441 años los saltillenses no hemos sido capaces de corregir esta situación? La posible respuesta a esta interrogante pasaría por plantear que técnicamente es un problema relativamente fácil de solucionar para la ingeniería. Presas, represas, presas de gaviones, curvas de nivel, diques, etcétera;  son algunas de la opciones que, desde hace muchas décadas se conocen para el manejo de las aguas y su aprovechamiento.

Entonces la respuesta surge clara y nítida: por la mezquindad y falta de visión y compromiso  social de los gobiernos y por el ansía desmedida de los empresarios de la construcción, de los20a los que solo les importa ganar dinero sin importarles un comino el bienestar de la población y el futuro de la ciudad

Los estragos que causan en la mancha urbana de Saltillo las enormes y veloces avenidas de agua que bajan bramando del sur al norte de la ciudad y que dejan una estela de estropicios de todo tipo desquiciando la vida cotidiana, son realmente inaceptables para una ciudad que se precia y presume de su nivel de confort. Aunque los daños son generalizados, la entrada de la ciudad por la carretera a Zacatecas lleva la peor parte pues – aunque parezca increíble -,  en su tramo de Emilio Arizpe al periférico Echeverría, esta vialidad NO cuenta con banquetas para los peatones, menos con algún canal que de cauce a esas grandes avenidas de agua.

Dos intentos hubo en el pasado reciente por parte de las administraciones públicas en relación con este añejo problema.  En los años ochenta la administración estatal que presidió Eliseo Mendoza construyó un remedo de drenaje pluvial que nunca cumplió su cometido, ( debido a la mala calidad de los materiales utilizados, las rejillas de las alcantarillas recolectoras debieron cambiarse en su totalidad a dos meses de entregada la obra )  pero si sirvió para enriquecer a los funcionarios y a las empresas encargadas de la obra. Luego, el gobernador Enrique Martínez construyó una presa de gaviones que funcionó, pero cuando se requerían cuando menos diez más de ellas, según los expertos, se acabó el sexenio y, como suele suceder, la siguiente administración se olvidó del tema.

Es tiempo de que los políticos y gobernantes volteen a ver y solucionar los verdaderos problemas de la ciudad, de que los empresarios vean más allá de pesos y centavos ( esto de centavos es, por supuesto un decir ). De que empresas dizque paramunicipales como Aguas de Saltillo, dejen de lucrar con nuestros recursos y busquen otras fuentes de abastecimiento en vez de “exprimir” de manera inmisericorde nuestra Sierra de Zapalinamé.

Pero nada de ello será posible si los saltillenses no dejamos a un lado nuestra apatía y nuestra modorra y nos decidimos a exigirles a los gobiernos – de todos los niveles – que se pongan a trabajar para quién los llevó a sus puestos.

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